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Ah, las Crepas... ¡Recuerdos para los franceses de la Candelaria y de las meriendas de la infancia! Si gustan tanto es porque llevan mucho tiempo deleitando y seduciendo a toda la familia.

Los historiadores establecen el origen de las crepas en el 7000 a.C. En aquella época, era una tortita bastante gruesa, hecha con una mezcla de agua y varios cereales triturados. Se utilizaba una piedra plana y caliente para cocinar.

En Inglaterra, fue en el siglo XIII cuando apareció la crepe. El trigo sarraceno, traído a Francia tras las cruzadas en Asia, permitió hacer esta fina capa de masa, de forma redonda. Este fue el comienzo de la crepe bretona. Porque nuestras tortitas saladas se hacen siempre con harina de trigo sarraceno, también llamada harina de alforfón. La ventaja de esta harina es que no tiene gluten.

La torta de trigo sarraceno debe distinguirse de la torta dulce, para la que se utiliza harina de trigo, leche, huevos y mantequilla. Pero en ambos casos, ¡la preparación gana en avidez con su relleno! En Francia, se ponen manos a la obra para elaborar recetas sabrosas y auténticas, que tengan el buen sabor nacional.

El crepe tiene alma de viajero. Se puede encontrar en todo el mundo, con pequeñas variaciones. Piensa en la famosa tortita americana, más pequeña y gruesa, en los simpáticos blini de Europa del Este o en la tortilla mexicana, preparada con harina de maíz. El Crepas nacional es también primo de la piadina italiana o del baghrir norteafricano.

Un consejo francés reza: la próxima vez que salteen tortitas en su sartén o crepera, coloque una moneda en la mano. La prosperidad está garantizada para el resto del año... Al menos eso decían los antiguos.