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Si hay un pastel que le viene a la mente cuando piensa en la región de Burdeos, es el canelé. La historia de este pequeño bocado de textura inimitable está íntimamente ligada a la de su región.

Como suele ocurrir en la historia de la alimentación, las explicaciones sobre el origen de este pequeño pastel de harina, leche, azúcar, vainilla y ron no siempre están claras. La versión más extendida dice que el nacimiento del cannelé está relacionado con el pequeño pastel que las monjas preparaban en el siglo XVI en el convento bordelés de las Annonciades.

Este pastel, llamado canelat o canelet, se enrollaba alrededor de un tallo de caña antes de ser frito, de ahí su nombre. Otro relato afirma que el canelé debe su nombre a las canaules, un pan elaborado con harina y yemas de huevo y producido por una corporación de artesanos llamada canauliers en el siglo XVII.

Es imposible conocer la historia completa. Lo cierto es que la palabra "cannelé" (que también suele escribirse "cannelé", pero ya veremos por qué) significa "que está marcado con surcos, es decir, con costillas y surcos alternados" (definición del Littré), lo que es específico de este pequeño pastel, que se muele en un molde acanalado.

En 1985, se creó la confrérie du cannelé de Bordeaux con el objetivo de promocionar esta pastelería y se decidió escribir canelé con una sola N, para diferenciarlo de la palabra y marcar su especificidad en Burdeos. Hoy en día, se aceptan ambas grafías, canelés y cannelés de Burdeos.